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jueves, 5 de febrero de 2015



Nuestro hombre camina despacio, un poco arrimado a la pared, y con la displicencia de los que no esperan nada, ni ya les espera nadie.

 Al llegar a la altura del bar, cierra el paraguas, y se sienta en un lugar apartado.

Nuestro hombre ya no participa de las conversaciones, y de a ratos, solo escucha los retazos de alguna .

"....manda cojones, Jacinto, ¡¡¡ manda co jo nesss!!!, que las mismas familias,  que a las bravas se apropiaron de los terrenos de tantos vecinos del pueblo, ahora vengan sus descendientes y metan más parcelas en el coto ese......"

En el pequeño corrillo que se había formado, y a pesar de que eran parroquianos del bar y se tenían confianza, enseguida cambiaron de tercio.

Al poco tiempo, nuestro hombre paga su vino, realiza un escueto saludo, y se dispone a ponerse el abrigo.


Ahora nieva.


"......nieva, y ha nevado mucho desde aquella época infame, pero sobre esto que ha quedado grabado a "fuego" en la memoria de los paisanos de mi edad, solo se habla en el bar, pareciera, que el orondo jinete, y su caterva de caciquillos de provincia, siguen cabalgando por amplias "parcelas" de nuestra mente, y de sus cacerías, no se traen unas presas menos apetitosas que entonces, solo que las cazan de una forma más sutil y aterciopelada, pero en el profundo fondo, sigue mandando el mismo silencio....."



( Quincuagésimo noveno fragmento, del capitulo sexto, del siempre inacabado y algo desasosegante libro, "Famiglia e Omertá)


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