Hemos cambiado de mes, pero los
arbustos perennes de Salvia microphylla (o “salvia rosa”, “salvia
granadina”) siguen cubiertos de pequeñas flores rojas. De hecho, en climas
suaves pueden florecer todo el año, lo que no es el caso aquí. Aunque las
raíces no se mueren, las heladas fuertes hacen que sólo quedan los tallos
desnudos, y algunos de esos también se hielan.
Las hojas son aromáticas, y en
México, de donde esta planta es originaria, se usan con fines medicinales.
Es una planta muy poco exigente;
le gusta el sol y prefiere suelo permeable. Resiste las sequías, y en general
es un superviviente. Algunas veces al descuidar mis plantas las he dado por
perdidas, y sin embargo luego han vuelto a brotar. Las mías suelen tener una
altura de menos de un metro, pero en el Valle del Tiétar, donde el invierno no
les frena o hace desaparecer, las he visto de dos metros.
Pueden vivir de diez a treinta
años y se multiplican por esquejes en primavera (dicen los textos que he
leído), o por división de matas (dice mi experiencia).
(Lena)
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